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Jueves, 15 de marzo de 2018, Bolivia - Nacional
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Las trabajadoras sexuales tienen derechos

•  Raúl Pino-Ichazo Terrazas

La marginalidad, lo moral e hipócritamente establecido, prejuicios sociales, el ámbito de la conciencia religiosa y el pecado, las necesidades humanas de subsistencia, los hogares destrozados con carga de violencia intrafamiliar, entre otros, contribuyen ineluctablemente a que la transición al umbral de la prostitución por la inocente mujer que descubre en su anatomía un desesperado escape y solución inmediata para subsistir. Sea esta una decisión propia que, usualmente, las malas amistades con sus insinceros consejos y los proxenetas encubiertos que desdibujan con retruécano la sórdida realidad de la prostitución, inclinan a su ejercicio.

Por lo expresado, estas dignas mujeres merecen un tratamiento igualitario ante la ley, pues una sociedad moderna y justa no discriminará, estigmatizará, menos satanizará esta actividad, que es una natural consecuencia del instinto o pulsión sexual humana que preserva la especie. Las trabajadoras sexuales necesitan con prioridad disponer de un seguro médico.

Es paradójico que, aunque sea por interés comercial, pues son 60.000 más o menos, las trabajadoras sexuales en el país, las cajas de seguro no inicien negociaciones para asegurarlas; número considerable que fortificaría económicamente a la institución aseguradora. Parece que más puede la hipocresía, la discriminación y la falsa dignidad para no acometer esa imprescindible protección social, pues no se puede negar que las trabajadoras sexuales son un estamento totalmente valido en toda sociedad.

Mientras persistan diferencias entre los hombres, no solo en la diversidad de juicios de valor sobre las mujeres que ejercen esa actividad y lo que es la realidad objetiva, esta se exacerba aún más en lo que conceptúan la propiedad de una cosa. Cuando se trata de la mujer los hombres modestos pero egocéntricos considerarán como prueba el poder disponer y obtener placer del bello cuerpo femenino.

Otros, acendrados machistas, exigentes y superlativamente inseguros demandaran saber si la mujer no sólo se entrega cuando él dispone sino también abriga la desproporcionada pretensión de obligar a la mujer a renunciar a lo que le pertenece, como es su libertad de decisión o a lo que sueña lograr, solo en ese estado cree poseerla; la tercera clasificación de hombre es la impronta del creciente resquemor en su afán de posesión y aspiran a saber si la mujer ha renunciado a todo por amor a ellos pretendiendo ser conocidos a profundidad antes de abrigar la certeza de ser amados.

Todas estas concepciones, subyacen en las sociedades y por gravedad en las familias, donde los padres sin aviesa intención, transforman a sus hijos en sus semejantes pues confunden el modo y el apostolado en educarlos.

Los padres nunca dudan que los hijos son su propiedad y no declinan fácilmente a imponerles sus propias concepciones e influyen en la elaboración de juicios de valor en la mente del adolescente; actitudes que son arcanas a la necesaria correspondencia de la evolución intelectual y modernidad generacional; con ese determinante paradigma forman hijos machistas como resultado de ese efecto que es el principal impedimento para la plena igualdad de la mujer, peor, si se trata de reconocer con leyes la licita actividad de las trabajadoras sexuales que son irremisiblemente arrastradas por los motivos precitados al inicio de esta columna.

Naturalmente habrán mujeres que eligen este oficio por razonamiento distinto, empero, tampoco ello es reprochable, pues pertenece a la libertad de elección y derechos individuales que disponen los humanos, amparados legalmente por una constitución.

Finalmente, es oportuno citar que las causas determinantes para el ingreso involuntario al oficio, mejor, precipitado y obligado, por las necesidades básicas que pueden concentrarse en las presiones económicas decantadas en la búsqueda de actividades remuneradas pero sin disponer de un panorama alentador de elección debido a la persistente discriminación laboral que padece la mujer y, cuando obtiene una posición es infraremunerada, así objetivamente, actúan la carencia de posiciones laborales y la discriminación simultáneamente para inclinarse con dolor a la prostitución.



(*) Abogado, postgrados en Interculturalidad y Educación Superior, Arbitraje y Conciliación, Filosofía y Ciencia Política (maest.), doctor honoris causa, autor del libro "Prostitución", escritor.

tags: La Patria, Noticias de Bolivia, Periodico, Diario, Newspaper, Las trabajadoras sexuales tienen derechos

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