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Lunes, 20 de mayo de 2013, Bolivia - Nacional
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ALGO M¿S QUE PALABRAS

Hambrientos de esp¿ritu fraternal

•  Por: V¿ctor Corcoba Herrero

Apuesto por el abrazo sincero. Lo considero una buena manera de abrirse al aut¿ntico di¿logo. A m¿ me parece que los tiempos actuales son muy fr¿os. Es lo propio de un mundo fren¿tico al que no le dejan pensar. Todo se envuelve alrededor del poder. Ciertamente, tenemos m¿s armas, pero tambi¿n menos alma para sembrar por los caminos de la vida otro entusiasmo m¿s comprensivo. Para entenderse, pienso que debemos cuidar mucho m¿s nuestras habitaciones interiores. S¿lo as¿ podremos descubrir y describir nuestros propios sentimientos. Y nadie nos podr¿ dominar. Me niego a ser juguete de nadie. A veces nos faltan encuentros con el coraz¿n y nos sobran reencuentros con dominadores sin ¿tica. El fruto de la sinraz¿n nos comercia en un mercado sin moral alguna. Hemos convertido al ser humano en un objeto m¿s de deseo, sin apenas dejarle tiempo para reflexionar sobre sus creencias ni sobre su existencia, sobre su origen ni sobre su destino.

Sin duda, abrazarse a las diversas culturas favorece el sentirse unidos. Andamos hambrientos de fraternidad. Algo que necesitamos como el pan de cada d¿a. A pesar que desde el a¿o 2002, se haya declarado el veintiuno de mayo como el D¿a Mundial de la Diversidad Cultural para el Di¿logo y el Desarrollo, apenas hemos aprendido a convivir unos con otros. Convendr¿a, pues, que nos interrog¿ramos cada uno consigo mismo sobre aquello que nos impide avanzar. Son muchas las heridas abiertas por duros y sangrientos conflictos. La construcci¿n de un planeta reconciliado no es f¿cil, pero tampoco es imposible. Deber¿amos despojarnos de aquellos poderes que no saben conjugar principios y valores, servicio y bien com¿n, y evitar, de manera contundente, las manifestaciones patol¿gicas que se dan con tonos de autoexaltaci¿n y de exclusi¿n de la diversidad. Me refiero a esas formas nacionalistas que a¿slan los pueblos, a esas maneras racistas y xen¿fobas, que desde el pedestal del poder, intentan dominar mentes para su inter¿s propio. Tenemos que lograr un progreso para todos, en el que todos los seres humanos puedan desarrollarse, sin exclusiones.

No est¿ bien que sigamos propiciando el bienestar de algunos, excluyendo a otros. Tanto los l¿deres de Estado como los dirigentes de las organizaciones internacionales, tienen que tomar medidas concretas, en base a unos objetivos claros y convincentes, para que realmente aumente la conciencia mundial sobre la importancia de la unidad, de la inclusi¿n en la diversidad, a trav¿s de gestos verdaderos y de actitudes positivas para ello. Si la cultura es lo que somos, el abrazo entre culturas es lo que nos sostiene como especie. No hay mejor manera de superar las diferencias que resaltar aquello que nos une para acercarse. En los tiempos actuales es, por consiguiente, indispensable que la cultura del cari¿o, o de la consideraci¿n hacia el semejante, germine como elemento fundamental de toda estrategia de vida, ya que posibilitar¿ el di¿logo entre los pueblos y las gentes. Hablo de abrazos salidos del alma, dispuestos a olvidar todo lo malo para tranquilizar conciencias, y as¿, empezar un di¿logo centrado en el ser humano como creador de fraternidad. Una solidaridad que no refleja el esp¿ritu fraternal se queda vac¿a. Al fin y al cabo, uno tiene que darse por propia humanidad.

Evidentemente, toda negociaci¿n tiene que partir de ese esp¿ritu de fraternizaci¿n. Tenemos que redescubrir nuestros v¿nculos y ver la manera de generar m¿s concordia entre todas las culturas. Desde luego, no puede haber tolerancia ni respeto a la diversidad, si no hay esp¿ritu fraternal entre la humanidad, porque hasta la misma justicia no puede prosperar sin una atm¿sfera de consideraci¿n hacia lo humano, hacia el compartir fraterno. El pan como el agua, o el mismo aire que precisamos para respirar, son alimentos (o alientos) fraternales que deben estar al alcance de todos los bolsillos, tambi¿n de los m¿s pobres. Indudablemente, cualquier sociedad necesita de esa fraternidad para protegerse. Est¿ visto que donde hay una aut¿ntica solidaridad fraternal, los derechos de los d¿biles y los indefensos est¿n mejor asegurados. Es verdad que nuestro mundo actual est¿ demasiado familiarizado con la falta de esp¿ritu fraternal y con sobredosis de violencia, discriminaciones e injusticias; por ello, creo m¿s necesario que nunca avivar la cultura del hermanamiento. De lo contrario, la raza humana corre el peligro de extinguirse. Naturalmente, el m¿s real de los gestos radica en que todos somos precisos e ineludible es la unidad.

Por encima de todos los progresos que nos hemos inventado, o nos han injertado los poderosos en vena, hace falta que el progreso ¿tico o espiritual, tome las riendas de nuestras vidas. Los riesgos de la fragmentaci¿n del mundo, del quebrantamiento de la autoridad, de la ordinariez que nos maneja, olvida el esp¿ritu que nos ha de fraternizar, y que no es otro que el respeto por el ser humano y su cultura. No sigamos retrocediendo. Mundialicemos el esp¿ritu fraternal conforme al respeto de los derechos humanos, sin renunciar a las convicciones personales, pero tambi¿n adhiri¿ndonos a otras, con la tolerancia de la diversidad, para poder superar tantas divisiones. En los ¿ltimos tiempos se han activado di¿logos interculturales e interreligiosos, pero a mi juicio ha fallado la conciencia de hermanamiento, su valor de fraternidad espiritual y su alcance para el ¿xito de una globalizaci¿n fraternizada.

Bien es cierto, que nunca es tarde para situar la fraternidad en el n¿cleo del desarrollo como convicci¿n personal, para rescatar este sentimiento que proviene del alma m¿s que del cuerpo, pero que se precisa para reconocer en nuestros semejantes tantas dignidades perdidas u olvidadas. En parte el mundo se est¿ deshumanizando porque ha perdido ese esp¿ritu de donaci¿n total de s¿ en el otro, de solidaridad fraterna, de gratuidad hacia los dem¿s, de relaci¿n incondicional en definitiva. El d¿a en que los seres humanos est¿n unidos entre s¿, no har¿ falta luchar contra las desigualdades, contra nada ni contra nadie, porque nuestro diario de vida ser¿ una historia de cooperaci¿n, de compartir humana y espiritualmente; y, cada persona por s¿ misma, cambiar¿ el compromiso social por la comuni¿n fraterna.



(*) Escritor

corcoba@telefonica.net

tags: La Patria, Noticias de Bolivia, Periodico, Diario, Newspaper, Hambrientos de esp¿ritu fraternal

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