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Domingo 27 de abril de 2014
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Domingo, 27 de abril de 2014, Cultural El Duende
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Desde mi rincón

Comentarios a un Manifiesto

•  TAMBOR VARGAS


Segunda y última parte



En agosto del año pasado publiqué aquí mismo asado el texto del Manifiesto "Unas Humanidades con futuro" que un grupo de investigadores e intelectuales catalanes habían dado a conocer. Lo hice porque pienso que, aunque el problema que pretenden enfrentar es de alcance mundial, se hace más crítico en aquella parte del planeta cuyo ‘ser’ hasta hoy no ha podido borrar del todo la herencia de un concepto: necesariamente primero de ‘humanidad’; sólo a continuación, de ‘humanismo’.



Y me parece elemental reconocer que el camino recorrido en dirección contraria a la que desean los manifestantes, es largo, doctrinario y a la vez pragmático; y si lo es, de difícil corrección. Razón de más para reunir una artillería pesada. ¿Pesada? Quiero decir que me parece condenadamente insuficiente una estrategia que empieza reconociendo la legitimidad de un proceso de demolición histórica, del que sólo se pretende corregir uno de sus insumos (y no precisamente de los más radicales). Me explicaré: ¿qué malabarismo o wishful thinking habría de permitir salvar las ‘humanidades’ al margen, por ejemplo, de la herencia cristiana? Porque ésta parece ser la premisa en que se ha escrito el manifiesto de marras... (bienpensante como es).

Y no me ‘huele’ mejor que entre las premisas nos hable de ‘modernidad’ y en ella, de su "pluralismo de creencias", pero sin decirnos si ese ‘pluralismo’ se practica desde una real igualdad de oportunidades o desde la laicidad intolerante de una parte de sus defensores, que excluye programáticamente cualquier expresión pública de una de sus principales realidades sociales (cabalmente, la fe religiosa), como si sólo pudiera salir del armario el ateísmo, el ‘agnosticismo’ (otros hablan de ‘increencia’ y una larga variedad de otras formas degradadas). Me temo que la respuesta del manifiesto (o de sus manifestantes) sólo permitiría hacer aguas en la tinta de pulpo de una variedad de opciones...

* * *

Porque, y es mi tercera sospecha, lo deja en cuarentena sin necesidad de entrar a analizarlo. Me parece letal para la causa dice defender que se pueda levantar una bandera en favor de unas humanidades que excluyen, por lo menos de hecho, la herencia del Cristianismo...

En cierta manera, es un quid pro quo con que ya se encontraron los humanistas renacentistas. ¿Volver a conectar con (y más que eso: hacer ‘renacer’) la época clásica greco-romana als ob entre ella y nosotros no hubiese nacido, vivido, enseñado, muerto y resucitado Jesucristo? ¿Como si, a continuación, no hubiese nacido una Iglesia, una religión y, con el tiempo, una cultura, que –guste o no guste– llegó a desbancar el paganismo grecorromano y alcanzó la hegemonía europea? Intentarlo, presuponerlo, callarlo o esconderlo me parecen formas de un a-historicismo que rebaja unas humanidades, hipotéticamente renacidas, a la marginalidad de un pasatiempo para ociosos o para cuatro eruditos.

Es verdad que, al hacerlo, los manifestantes imitan a los comisionados de la UE a la hora de redactar un proyecto de Constitución europea: también ellos se negaron fundamentalísticamente a reconocer la herencia cristiana como uno de sus componentes irrenunciables. Con una pequeña diferencia: la realidad viene demostrando hasta ahora que la Europa ‘unida’ puede funcionar (bien o mal) con o sin una Constitución (que reconozca o no el Cristianismo); en cambio, suponíamos que los manifestantes humanísticos querían ofrecer unos fundamentos más serios que los que (no) necesita la burocracia de Bruselas (con sus dos apéndices de Estrasburgo y de Luxemburgo).

Por tanto, el precedente europeo tampoco es precisamente de buen agüero a la hora de calibrar la solidez del manifiesto en pro de las Humanidades; sino más bien todo lo contrario. Porque, ¿bastan los porqués que ofrece el manifiesto para volver a las Humanidades? Porque, si nos ponemos a mirar atrás, ¿a qué punto del pasado deberíamos volver para retomar la ‘buena ruta’? He aludido al pecado de a-historicismo (el fatal als ob...). Es verdad que, sin humanidades integrales (es decir, plenamente históricas), toda educación queda reducida a una funcionalidad artesanal, malocultando una macroestrategia de indoctrinamiento ideológico; y basado todo, irremisiblemente, en el más castizo positivismo de la política de un poder manipulador, que crea dogmas insuperables mediante ‘operaciones de mercado’. Y en una Europa post-cristiana esto no debe resultar demasiado complicado.

* * *

Imagino que la mayoría de los firmantes del manifiesto humanístico son capaces de percibir sin mayor esfuerzo la verdadera aporía: o declararse voluntarísticamente ‘humanistas’ (¿podemos olvidar el equívoco de que recientemente la etiqueta viene reivindicada por quienes viven fuera de cualquier confesionalidad religiosa?; neo-paganos, vaya, aunque también esta etiqueta sea políticamente incorrecta), aunque sea sin fundamentos; u ofrecer unos fundamentos ‘históricos’ más presentables, al precio de ser tachado de ‘integristas’ (vade retro...).

Resumiendo: una buena causa; que merece solidaridad en sus fines o intenciones; pero que me provoca fuertes dudas sobre la solidez de su andamiaje dialéctico (a fin de cuentas, quiere ser –supongo- persuasivo). Acaso pudiera hacerme entender mejor diciendo: para dar nueva vida a las Humanidades no basta con que se cultiven en el sistema educativo; este renacimiento sólo puede ser un efecto secundario de otro tipo de más serias ‘restauraciones’ (otra palabra escandalosa para la postmodernidad en que dicen que vivimos); y mientras no se logren restaurar algunas pocas de esas cosas fundamentales, me parece ingenuo esperar que el viejo árbol grecorromano vuelva a florecer: simplemente porque hace muchos siglos que el viejo árbol perdió su autosuficiencia, ante la superioridad moral e intelectual judeocristiana. That is the question.



Fin



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