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Domingo, 29 de abril de 2018, Revista Dominical
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De periodista convencional a "garra corresponsal"

•  Por: Equipo "Periodistas del valor" - Integrantes: Elena Rodríguez, Jazmín Quisbert, Danitza Mercado Careaga, Elisabeth Quispe Mamani, María Zelma Núñez, Susan Coronel, Deyvid Rocha Sánchez, José Choquetopa Aranda y Vladimir Equice Quintana


Vegetación, 29 grados centígrados de calor, "amables" instructores y una impecable instalación dieron la bienvenida a 24 incrédulos civiles que luego de conocer la "Escuelita de la Muerte" durante nueve días cambiarían su forma de ver la vida.

También conocida como la "escuela del porqué", ya que todo tiene una explicación, el Centro de Entrenamiento Internacional "Garras del Valor" (Ce.i.a.ga.va.), se convirtió en el hogar de varios periodistas, diseñadores gráficos y un estudiante universitario durante algo más de una semana, pues en ese tiempo cumplieron lo establecido para ser parte de la promoción del VII curso de corresponsales antinarcóticos "Garras del Valor" de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico (Felcn).

La "aventura" se inició un viernes a mediodía, pues los trabajadores de la prensa, de ciudades como Tarija, La Paz, Cochabamba, Oruro, Potosí e incluso de España, abordaron un ómnibus con el logo de la Felcn que los condujera a Senda 3, localidad donde está la base de "los garras", como se los conoce a quienes forjan a funcionarios que hacen cumplir el orden y la ley (En Bolivia se los conoce como policías pero al entrenamiento no sólo acuden uniformados nacionales sino personal de diferentes países como México, Perú, Panamá y otros, donde no se utiliza ese denominativo).

Ese viernes por la noche, ataviado por 15 mesas de madera, el "comedor garras" recibió a los periodistas, quienes se sirvieron sus primeros platos de comida, degustando deliciosos alimentos como todas las noches, sin pensar que ese sería un lugar especial donde aprenderían a saborear un almuerzo completo en menos de 5 minutos y a valorar el mismo.

Para ponerlos en ambiente, por la noche, el almacén "S-4" de la Escuela Garras se convirtió en el primer "infierno" que visitarían los "gatos", (Denominativo de quienes inician y son parte del curso hasta concluirlo) ya que al menos ocho instructores, al ritmo de disparos de fogueo y una canción de Ramstein, marcaron el paso para que los periodistas, en medio de humo y un circuito poco habitual, recojan el implemento que usarían durante el tiempo que permanecerían en el Ceiagava.

Ya instalados en sus barracas, los 16 varones (Ya que luego se incorporó uno más) y las ocho mujeres, ocuparon las catreras por las que pasaron 4.061 elementos masculinos y 601 elementos femeninos durante los 31 años de la "Escuelita de la muerte".

Luego de "desencadenarse" de sus celulares y depositar sus objetos de valor en el Banco "Garras", cada día los cursantes iniciaban su trabajo cotidiano a las 04:30, hora en la que sonaba una sirena que anunciaba el despierto, la primera formación del día para pasar la instrucción de acondicionamiento físico, "pití" para los cursantes, ese era el comienzo de una jornada con muchas emociones.

Teniendo más tiempo para lavarse los dientes que incluso para degustar los alimentos, el comedor era visitado tres veces al día, en cada ocasión contando con algo más de cinco minutos para consumir todo lo servido.

El PON (Programa de Operaciones Normales), es en lo que se fundamenta todo procedimiento dentro del Ceiagava, prácticamente es un protocolo que todos deben seguir por igual para que no existan diferencias desde tender la catrera hasta ordenar una mochila con varios elementos, eso es lo que aprendieron los corresponsales en su segundo día de instrucción.

En base al PON, los instructores, de a uno, se iban presentando de acuerdo a lo que enseñarían diariamente a los periodistas, uno de los primeros fue el instructor Yberth Herbas, quien junto a su muñeco Bryan, dio las pautas sobre Soporte Básico de Vida (Primeros auxilios).

De pronto, lo que pasaba en la vida cotidiana de los periodistas cambió radicalmente ya que al seguir un protocolo todo estaba planificado, adquiriendo los conocimientos teóricos por la mañana y prácticos por la tarde, antes de ir a descansar por la noche, ya que en la "Escuelita de la Muerte" no se duerme, se descansa.

Como en el Ceiagava prima el "ser, saber y hacer", el director del centro de entrenamiento, capitán Rubén Moscoso, al igual que los demás instructores, impartió enseñanzas y una de las mejor captadas por los cursantes, fue "Liderazgo", siendo el ejemplo para la trilogía arriba mencionada: ser (Tener las cualidades internas poseídas), saber (Tener los conocimientos suficientes) y hacer (Ponerlos en práctica).



LO QUE PASA EN EL ÁRBOL DE LAS VÍBORAS, SE QUEDA EN EL ÁRBOL DE LAS VÍBORAS

Durante el día, en los pocos minutos que tenían los cursantes para descansar, visitaban un árbol de aproximadamente 12 metros, que con esa vida propia que le da la tierra a uno de la especie Mapajo, los recibía con su sombra convirtiéndose en el confidente de algunos cursantes. Troncos y maderas improvisadas lo acompañan a manera de asientos, para brindar segundos de paz a los "gatos". Hojas secas y diminutos acompañantes misteriosos, como son los insectos, disfrutan de los "elementos" y le dan un toque esencial al lugar conocido como "el árbol de las víboras", denominativo que se le da porque en alguna ocasión, los estudiantes "rejean" contra los instructores.

Con dicho argumento, este sitio se convierte en un espacio de meditación para el estudiante, donde se comparten miedos y temores, pero donde también se gestan los líderes que estarán al frente del pelotón para conseguir la unidad entre las consignas más importantes de este centro: ser, saber y hacer.

¿Qué es lo que se habla allí? Desde dolencias, consejos para instrucción, chistes, ocurrencias, quejas, sugerencias o el simple hecho de aprovechar ese momento para cerrar los ojos durante unos minutos vitales. Todos los conceptos generados en ese sitio se quedan ahí, porque luego no se tiene tiempo para hablar de otra cosa que no sea de la instrucción.

Ese momento íntimo termina luego de un periodo de 15 a 20 minutos, cuando se sale a formar al patio de honor al grito de "¡¡¡el pelotón de corresponsales, tiene 30 segundos para salir a formar!!!", descargando la energía característica de los futuros garras.

Durante los primeros tres días, la exigencia no era mucha, algo de ejercicios denominados como estocadas, pechadas (Lagartijas), escalador de montañas, remos (flexiones) burpes y planchas se realizaban a la voz de "¡vamos a pagar el menú!", antes de ingresar al comedor, siempre acompañados por una cantina (cantimplora) y su "todo uso" jarro Vicker.

La siguiente jornada, cuando el reloj marcaba la 01:30 horas, las barracas de los periodistas fueron intervenidas por los instructores, quienes con hostigamiento y granadas de humo, hicieron realidad lo aprendido en la materia "Toma de posesiones", enseñando a los corresponsales a reaccionar ante una situación de posible asalto por las fuerzas oponentes a una base de la fuerza antidroga. Elementos con botas al revés o con una sola, sin medias o sin su blusa camuflada fueron las consecuencias de salir bajo completo hostigamiento y a oscuras tal como había manifestado el instructor Marcos Pardo, quien motivó el suspiro de algunas corresponsales. Esa madrugada se conoció "el lado malo" de los instructores.

Y así pasaban los días, entre ejercicios, instrucción teórica, práctica, un momento de meditación para los elementos en "el árbol de las víboras", sin tiempo para ser desperdiciado, así como impartió el jefe de curso, instructor Cristhian Rodríguez, a través de la materia "Manejo de armas". Esa mañana todos estuvieron ansiosos por ir a la práctica sin imaginar lo que sucedería luego de activar tres armas de fuego, una pistola 9 milímetros, una metralleta M-4 y una escopeta Winchester.

A unos 700 metros del patio de honor, en el polígono de tiro, algunos periodistas agarraron un arma real por primera vez, sintiendo una adrenalina intensa luego de los 20 disparos realizados, pero cuando pensaron que todo terminaría ahí, se dio el plus de la jornada, "una gasificación voluntaria", a la que todos, sin excepción alguna incluso los instructores, se sometieron, mostrando que con el ejemplo se enseña mejor que con la orden.

Fueron cinco minutos que parecieron una eternidad, en un círculo que formaron los estudiantes arrodillados antes de sentir el efecto de una granada de gas, de esas que se utilizan para reprimir en manifestaciones sociales, no todos resistieron su daño y abandonaron el círculo pero la mayoría se tiró al piso, respiró aire de la tierra y, al pasar su efecto, derramó lágrimas pero no por la granada sino por la emoción de superar un reto muy difícil y darse cuenta del sentido de pertenencia a los "garras".



LUGAR DE "DESCANSO"

Tras vivir esa experiencia, los corresponsales, al finalizar la jornada, se instalaron en las barracas, que más allá de ser un espacio de cuatro paredes que alberga catreras y casilleros, acoge a inocentes estudiantes a los que les aguarda un futuro de garra en la "Escuelita de la muerte".

Los primeros pasos dentro de las barracas son tímidos, esperando que alguien rompa el silencio donde cada uno es individual a su manera. Llegados de diferentes lugares del país, con propias visiones, ambiciones y propósitos, la realidad cambia de repente para convertirse en un auténtico "garra": fiero, valiente y con actitud para enfrentar la nueva vida que los espera después de cruzar la puerta del Ceiagava.

Ahí dentro todavía no hay un líder y es el denominado comandante el que imparte instrucciones y agiliza a los cursantes a terminar su aseo y descansar lo antes posible para estar listos en el próximo desafío sorpresa del día a día.

Todos los días las emociones eran mayores, claro ejemplo el de sobrevolar el Chapare en dos helicópteros de la Fuerza Aérea Boliviana (FAB), algunos se subieron por primera vez a ese artefacto que pesa dos toneladas y sintieron sensaciones que jamás se habían imaginado.

Esa experiencia fue lo más emocionante, antes y después de infiltrase al reino de los insectos, la jungla, como llaman al área donde se imparte dos instrucciones "Patrullaje y Superviviencia en jungla".

El Patrullaje fue lo primero, el instructor Jaime Riveros dirigió a los periodistas en medio de árboles, maleza y ríos, en una caminata de poco menos de una hora, cargados de una mochila que pesaba 25 kilos aproximadamente, con un sleeping, una carpa, un casco, el arma de reglamento, un "pulmón" (Cantimplora), pala de sapo y un machete, lo suficiente para sobrevivir.

Un hotel de "mil estrellas" esperaba a los corresponsales, de los cuales muchos pensaron en abandonar la instrucción por la pesada carga que llevaban. Instalados al aire libre, armaron sus carpas para pernoctar, supuestamente, pues poco después de la media noche, hubo una amenaza de que las fuerzas oponentes dieron con el rastro del campamento antinarcóticos, por lo que los estudiantes debieron desarmar su carpa, introducirla en su mochila y abandonar el lugar en menos de cinco minutos, sin dejar de lado un pequeño gran detalle, debían hacerlo todo a ciegas.

Fue una experiencia que no olvidarán, pues vivir más de tres horas en la jungla fue interesante aunque lo mejor recién vendría al día siguiente.

¡Cómo es posible que no esté listo el desayuno, señores cocineros!, fue la voz que se quedó en la mente de los corresponsales el jueves por la mañana al ingresar al comedor "Garras", ya que se habían quedado sin su desayuno, aparentemente porque don Tomás, el cocinero, dejó quemar los alimentos. Todo estaba planificado por los instructores, los periodistas iban a tener un día sin ingerir alimentos a más de agua, el plan era hacerles ver cómo sobrevivir en la jungla.

La instrucción respecto a supervivencia comenzó con una dramatización en la que el instructor Rolando León mostró lo que alguna vez había pasado en el curso "Garras", alucinaciones de "elementos" que se quedaron en jungla durante al menos una semana, "mi instructor, tengo hambre, mi instructor pancito por favor", eran las palabras de agonía que expresaba el estudiante interpretado por el instructor, antes de enviar a los corresponsales al lugar que convertirían en su hábitat.

Equipados con una carpa impermeable, una parca, un machete y mucha agua, caminaron algo más de tres kilómetros para ser parte de la naturaleza, convivir con ella y sobrevivir gracias a sus productos, intentando pasar la noche.

Lo más extraño de todo fue que durante los seis días anteriores, el clima era de los mejores, sol radiante y una temperatura adecuada pero esa noche, precisamente esa noche, San Pedro se puso de acuerdo con los instructores y cayó una torrencial lluvia que evaluó lo aprendido por los "elementos". Las tucanderas, enormes hormigas, tampoco pasaron desapercibidas ya que dieron la "bienvenida" a uno de los estudiantes con un mordisco que le provocó fiebre, dolor de cabeza y alteró su pulso, inconveniente que se subsanó luego.

Poco después de las 3 de la madrugada aparecieron los instructores Soria y Quispe para dirigir a los empapados periodistas quienes al ritmo de botas grandes y maltratadas, usadas por centenares de estudiantes, retornaron a su base, exhaustos y con dolencias en los pies por tanto caminar.

LA PRUEBA FINAL

Cuando ya parecía haber acabado todo, el último día, los 25 corresponsales fueron sometidos a una dura prueba de "coraje y confianza", pues en un esfuerzo físico, luego de empujar una vagoneta por al menos 150 metros en grupos de ocho, recorrieron dos millas cargando las "lágrimas", bultos de arena que pesan poco más de seis kilos y con una camilla al hombro, transportando a su "herido", por si esto fuera poco, a ciegas, encapuchados y agarrados de la mano, fueron conducidos a una elevación de por lo menos siete metros, cuando estaban en la punta, los ojos fueron descubiertos y el "elemento" tenía en su frente, una enorme piscina, a la que tuvo que saltar vistiendo su traje camuflado y con las botas de reglamento, sin dar marcha atrás, aunque no sepa nadar. Ese fue el salto de confianza que puso fin a nueve días de instrucción.



TOME AGUA

Ser parte de la familia "Garras" es algo que sólo los privilegiados que pasaron por las instalaciones de la "Escuelita de la Muerte" conocen, en dicho lugar existe un líquido que sirve para todo, cura todo, resuelve todo y no cuesta nada, el agua, líquido vital que es obligatorio tomar para que un "gato" se hidrate y restituya todo lo que transpiró a consecuencia de la exigencia física, mental y psicológica que le piden los instructores. Como enseñan en el Centro de Entrenamiento Internacional: Si tiene hambre, ¡tome agua!; si tiene sed ¡tome agua!; si extraña a alguien, ¡tome agua! y si le gustó este artículo, ¡tome agua!

Los graduados del VII curso de corresponsales antinarcóticos son: Diego Rodrigo Delgadillo Zelada, Deyvid Alejandro Rocha Sánchez, Ovidio Eusebio Paz Arias, René Vladimir Albino Medina, Jazmin Fabiola Quisbert Tito, Danitza Agatha Mercado Careaga, Vladimir Equice Quintan, Rodrigo Fanola Quino, Elena Rodríguez Flores, Elisabeth Quispe Mamani y Cesar Gabriel Baldelomar Espada.

La lista continúa con Alejandra Valeria Otondo, Erick Agustín Sivila Flores, José Elmer Choquetopa Aranda, Exequiel Elias Condori Juaniquina, Abraham Aparicio Lovera Mamani, Rubén Montaño Valencia, Saúl Mancilla Siñanis, Víctor Hugo Rojas Chávez, William Huañarraya Quespillo, Susan Coronel Sandoval, Silvia Eugenia Sánchez Solis, María Zelma Núñez Terrazas, Rodrigo Bernardo Gutiérrez Anibarro y Humberto Fuentes López.

Los instructores fueron: Marcos Pardo Aguila, Osmar Quispe, Alejandro Mayta, Cesar Pucciariello (Argentina), Roger Chaira, José Flores, Raúl López, Gerson Padilla, Ronald Quispe, Yberth Herbas, Jaime Riveros, Wuhicler Quispe, Henry López, Jesús Hurtado y Rolando León, además del director del Ceiagava, capitán Pedro Moscoso y el jefe de curso, teniente Cristhian Rodríguez.


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